Bashar Asad avanza triunfante en Siria

Coincidiendo con el encuentro Turquía-Rusia a orillas del Mar Negro, la actividad pareció intensificarse en Idlib, la última gran región del país en manos opositoras


El presidente sirio, Bashar Asad, habla con militares desplegados, en Idlib.
AFP

Los ecos de Sochi resonaron hoy a exactamente 1.000 kilómetros de distancia: en las trincheras de Idlib, la última gran región de Siria en manos opositoras, adonde el presidente sirio Bashar Asad se ha desplazado hoy en una visita sorpresa. Coincidiendo con el encuentro Turquía-Rusia a orillas del Mar Negro, la actividad pareció intensificarse en las últimas horas en Idlib, un enclave en la agenda de la cita y donde Gobierno y oposición se han acusado mutuamente de romper la tregua firmada el pasado verano.

«Siempre hemos dicho e insistimos en que la batalla por Idlib es básica para acabar con el caos y el terrorismo en todas las áreas de Siria», afirmó el rais. «Todas las áreas tienen la misma importancia, pero lo que comanda las prioridades es la situación sobre el terreno», añadió. Y la situación en Idlib es que Turquía lleva meses conteniendo el avance de las fuerzas oficialistas gracias a su oposición en la mesa de negociaciones tripartita de Astana y a su apoyo a fuerzas opositoras. Al menos hasta hoy.

Pero si Asad tuvo algún motivo para sonreír triunfalmente hoy, parapetado tras los sacos terreros de Idlib, no fue sólo por la sospecha de que los tejemanejes en Sochi podrían favorecerle; el adiós de EEUU a Siria le abrió la puerta, la semana pasada, a la posibilidad de recuperar el 25% del país sin pegar un tiro. El ataque turco a la franja nororiental de Siria forzó a la autoridad informal kurdosiria a negociar un pacto con Damasco. Fruto de él, el ejército sirio y la policía militar rusa se están desplegando por zona kurda.

Una de las poblaciones donde los tanques del Ejército Árabe Sirio han entrado en los últimos días es Manbiy donde, hace apenas diez meses, un comerciante bazarí llamado Bakri temía, más que nada, un retorno del control gubernamental sirio a su casa. «Por lo menos, bajo mando de las fuerzas kurdosirias este lugar es más seguro que la mitad de Siria», reconocía, dejando entrever, como árabe, cierto recelo sectario. «Antaño la gente vivía con miedo y sin dinero. La mayoría de jóvenes, especialmente, tampoco quieren que regrese el régimen. No quiero que a mis hijos los recluten forzosamente para llevarlos a combatir a otras partes«, apostilló.

Este fin de semana, coincidiendo con el izado de la bandera nacional siria en Manbiy, su bazar se ha callado. Según testigos y medios locales, los tenderos se han declarado en huelga como protesta por el retorno de una administración contra la que clamaron masivamente en aquel lejano 2011. No fue la única protesta. En un vídeo comunicado difundido al poco de entrar los primeros tanques leales a Manbiy, una pequeña brigada árabe, hasta ahora aliada de los kurdos, se declaró en rebeldía por el pacto y prometió plantar cara a los soldados asadistas.

Imágenes similares se han prodigado recientemente en el otro extremo de los territorios kurdosirios. En la provincia oriental de Deir Ezzor, numerosos vecinos se han echado a las plazas para reivindicar su miedo a que la retirada de EEUU facilite el retorno de viejos e indeseados conocidos, ya bien sea el Estado Islámico o el régimen y su socios. Una de las pancartas agitadas reza: «Vuestro sueño de venir a nuestra región es similar al sueño de Satanás de entrar en el paraíso».