Evo Morales dimite como presidente de Bolivia

El líder indígena confirma su renuncia en un mensaje televisado. No ha conseguido apaciguar la crisis política del país con la convocatoria de unas nuevas elecciones tras la confirmación del fraude electoral el pasado 20 de octubre.


Protestas contra Evo Morales en La Paz.
MARCO BELLO REUTERS

Evo Morales dimite tras 14 años de presidencia monolítica. El líder indígena no ha conseguido apaciguar al país con la convocatoria de nuevas elecciones en Bolivia, inmersa en una espiral de incertidumbre y violencia provocada por el fraude electoral cometido durante el cómputo de las elecciones generales del 20 de octubre.

Las Fuerzas Armadas y la Policía le habían exigido que se marchara, después de que las fisuras en el seno oficialista se convirtieran en grietas de gran tamaño, acrecentadas con la dimisión de César Romero, ministro de Minería, que dio paso al cese de los titulares de el Hidrocarburos y Deportes. Un rosario de altos cargos entre los que también se incluyen el presidente del Congreso, la vicecanciller, el gobernador de Cochabamba, senadores y alcaldes.

El informe preliminar de la Organización de Estados Americanos (OEA), que confirma el «gigantesco fraude» denunciado por la oposición, pesaba toneladas sobre la ancha espalda de Evo, un golpe demoledor que incluso ya conlleva varias detenciones ordenadas por la Fiscalía General del Estado. Tres vocales de Santa Cruz fueron capturados por la Policía, que también allanó la vivienda de la poderosa María Eugenia Choque, presidenta del Tribunal Superior Electoral (TSE), situado en el centro del escándalo surgido en las urnas.

La respuesta de las Fuerzas Armadas, neutrales al principio y activas hoy en defensa del pueblo que protesta, y la rebelión de los policías constataron también la soledad de la poderosa revolución indígena en su empeño por eternizarse en el poder. El Ejército fue más allá al asegurar que reduciría a los grupos armados.

El tsunami político y social que de forma sorprendente se ha abatido sobre Bolivia ha terminado con los planes oficialistas, dispuestos a mantener al líder aymará al frente del país hasta 2025. Empeñado Evo Morales en enrocarse al mejor estilo chavista y en denunciar ficticios golpes de estado, finalmente se ha visto obligadoa dimitir tras reventarle en sus narices el fraude electoral.

El oficialismo no ha sabido medir el malestar que ya generó el referéndum de 2016, en el que el 51% de los bolivianos se pronunciaron en contra de facilitar una nueva reelección para Evo. El aliado de Venezuela y Cuba desoyó al pueblo y luego impuso su criterio a los tribunales más importantes del país.

El bombazo político se produjo bien temprano en La Paz, sacudida por la rebelión policial y la quema de sedes del Movimiento Al Socialismo (MAS) y casas de gobernadores, incluso de la hermana del presidente, en otras zonas del país. «He decidido renovar los vocales del TSE (Tribunal Supremo Electoral) y convocar a unas nuevas elecciones generales», comunicó el presidente a su país, a la vez que imploraba por acabar con la violencia en un llamado a la paz.

La respuesta de Carlos Mesa, candidato opositor, ya había dejó claro desde el primer momento que el tsunami contra Evo no iba amainar: «Los principales responsables de este fraude y de la convulsión social que ha causado varios muertos y centenares de heridos, Evo Morales y (el vicepresidente) Álvaro García Linera, están inhabilitado para presidir el nuevo acto electoral, además de que sería absolutamente inaceptable cualquier tipo de prórroga del mandato de estas autoridades».

«Evo ha fracturado el orden constitucional y debe renunciar. Así también los senadores, diputados y los miembros del Tribunal de Justicia y del Tribunal Constitucional», añadió Luis Fernando Camacho, líder del Comité Cívico Pro Santa Cruz, el principal motor de la protesta ciudadana. Camacho encabezó una marcha hasta la capital e incluso fue refugiado por la Policía en uno de sus cuarteles, con la intención de presentar a Morales una carta para que firme su renuncia.

El informe de la OEA da la razón sin paliativos a quienes denunciaron el «gigantesco fraude» desde el primer día. Las dos claves principales son las irregularidades «serias» halladas en el sistema de votación y la improbabilidad estadística de que Morales hubiera obtenido el margen necesario de 10 puntos de ventaja sobre el candidato de Comunidad Ciudadana. La OEA recomienda comenzar nuevamente desde la primera vuelta «tan pronto existan nuevas condiciones que den nuevas garantías para su celebración, entre ellas una nueva composición del órgano electoral».

Una bofetada contra los abusos revolucionarios, que intentaron copiar sin éxito final la fórmula empleada por Nicolás Maduro en Venezuela en las presidenciales de 2013. «Las manipulaciones al sistema informático son de tal magnitud que el estado boliviano debe investigarlas profundamente para llegar al fondo y asignar responsabilidades en este caso grave», prosiguió el informe de la OEA, apoyado por su secretario general, Luis Almagro.

Hasta 14 observaciones sobre el cómputo oficial han derribado el muro revolucionario tras 20 días de protestas, durante las cuales murieron tres opositores tras ser atacados por grupos oficialistas de choque.