Justin Trudeau, el primer ministro reelegido con menos apoyo en las urnas de la Historia de Canadá

Va a formar Gobierno a pesar de haber perdido las elecciones. Gracias a que el Nuevo Partido Demócrata de Jagmeet Singh ha conseguido el 15,9% del voto


El primer ministro canadiense, Justin Trudeau.
VALERIE BLUM EFE

El primer ministro canadiense Justin Trudeau ya ha entrado en la Historia canadiense con mayúsculas. Aunque, probablemente, no por donde a él le hubiera gustado. El miembro del Partido Liberal -un partido que en general se sitúa en el centroizquierda del espectro político del país- va a ser el primer ministro con menos apoyo popular de la Historia Canadá desde que ese país celebró sus primeras elecciones hace 142 años.

Al final, la transformación de la política canadiense prometida por Trudeau se resume en tres palabras. Una: fragmentación del electorado, algo común a todo Occidente en los últimos años. La otra, algo característico de la más vieja política de Canadá: la regionalización del voto. Y la tercera, un fenómeno que se está dando sobre todo en países anglosajones como los Estados Unidos de Trump y la Gran Bretaña del Brexit: la división de la sociedad entre las grandes ciudades y las zonas rurales.

Ésas parecen ser las principales conclusiones de los comicios de ayer. Trudeau va a formar Gobierno a pesar de haber perdido las elecciones. Su Partido Liberal apenas ha logrado el 33,1% de los votos, seis puntos y medio menos que en 2015. Por encima de él queda el Partido Conservador de Andrew Scheer, con el 34,4% de las papeletas. Pero Trudeau podrá formar Gobierno gracias a que el Nuevo Partido Demócrata (NDP, según sus siglas en inglés) de Jagmeet Singh ha conseguido el 15,9% del voto.

El sistema electoral canadiense favorece, como en España o en EEUU, a los partidos con una presencia local más fuerte, así que los liberales, pese a haber conseguido menos votos que los conservadores -también llamados ‘tories’, como en Gran Bretaña- de Scheer, han conseguido muchos más escaños. Cuando se suma su representación con la del NDP, salen 172 asientos en el Parlamento federal de Ottawa. Es una mayoría exigua: apenas dos más de los necesarios para lograr la mayoría absoluta. Pero en política, eso es suficiente. Trudeau además cuenta con el posible respaldo de los Verdes, que son el único partido de izquierda que ha subido -aunque poco-, y tiene tres escaños. Más compleja es la situación creada por el resurgir del Bloque Quebequés, el partido de la provincia francófona de Quebec, que duplica su número de escaños. Su líder Jean-François Blanchet, tiene un talante cercano a los liberales. Pero en la víspera de las elecciones ha sacado el espectro de la independencia, lo que puede convertirle en un socio de gobierno complicado.

Trudeau ha reaccionado con euforia a los resultados. «Estáis mandando al equipo liberal a Ottawa de nuevo con un mandato claro: seguiremos haciendo la vida más asequible económicamente, seguiremos combatiendo el cambio climático, mantendremos las armas de fuego fuera de nuestras calles, y seguiremos invirtiendo en todos los canadienses», dijo anoche cuando los primeros resultados apuntaban ya a su victoria.

Motivos de satisfacción no le faltan: ha sobrevivido a escándalos de imagen y de corrupción, y una parte del electorado no le perdona lo que considera el abandono de algunas de las promesas claves de su campaña. A cambio, el primer ministro puede alardear de haber abierto el mercado laboral canadiense a inmigrantes cualificados de todo el mundo – justo en un momento en el que su vecino del sur, EEUU, les cierra sus puertas -, creando un impuesto sobre las emisiones de gases que contribuyen al cambio climático, y gobernado una economía en crecimiento.

Y, acaso la principal victoria de Trudeau sea que, con la excepción de los nacionalistas del Bloque Quebequés, todos han perdido. Cierto, los liberales, que se han dejado más de seis puntos en relación a 2015, son los más damnificados. Pero los conservadores de Scheer apenas han logrado subir en 2,6 puntos porcentuales. Y el NDP ha experimentado una pequeña catástrofe, al caer casi cuatro puntos, hasta el 15,9% del voto. Una coalición Liberales-NDP es una unión de perdedores contra uno que no ha ganado de verdad: el Partido Conservador.

Lo cual lleva a la otra conclusión de estas elecciones: la territorialización de la política canadiense. El Partido Liberal ha sido literalmente borrado del mapa de las provincias petroleras de Alberta y Saskatchewan, que han dado su apoyo en masa a los ‘tories’, y de las regiones rurales de la Columbia Británica, una provincia que, fuera de la ciudad de Vancouver, es fundamentalmente una sucesión de montañas en mitad de las Rocosas.