Justin Trudeau, un fiel hijo de su (infiel) padre

Este hijo de primer ministro (1969-1984) vivió una infancia disfuncional, por los líos amorosos de sus progenitores, que no parece haberle dejado muchas secuelas


El primer ministro canadiense, Justin Trudeau.
AFP

En 2019, Justin Trudeau, la estrella, murió. A cambio, Justin Trudeau, el político, nació. De casta le viene al galgo: su padre, Pierre, fue primer ministro, casi de manera ininterrumpida durante 16 años, de 1969 a 1984. Y no acaban ahí los paralelismos. La irrupción de Trudeau ‘padre’ en la primera línea de la política canadiense, en 1968, provocó tal terremoto que acuñó un nuevo término: la ‘trudeaumanía’. Guapo -como su hijo-, extrovertido -como su hijo- y carismático -como su hijo-, Pierre Trudeau dejó su huella no sólo en la política canadiense, sino también en la sociedad. Entre las medidas más definitorias de su estatus político está la legalización de la homosexualidad, en 1969, que defendió con una frase para la Historia: «No hay lugar para el Estado en los dormitorios de la nación».

Desde luego, donde no había lugar para el Estado era en los dormitorios de los Trudeau. No por cuestiones ideológicas, sino porque allí no cabía nadie más. La lista de amantes de Pierre Trudeau y de su esposa, Margaret, da para una enciclopedia. Entre las del primero: la cantante y futura amante de Bill Clinton Barbra Streisand, y las actrices Kim Cattrall (Samantha en Sexo en Nueva York) y Margot Kidder (Loise Lane en las películas de Superman que protagonizó el fallecido Christopher Reeve). Y entre los de la segunda: Mick Jagger y Ron Wood, de los Rolling Stones; las estrellas de Hollywood Jack Nicholson y Ryan O’Neal; la estrella de la cadena de televisión por Trump Geraldo Rivera; y el senador y candidato a la presidencia de EEUU, Ted Kennedy.

En aquella casa en la que había un idioma oficial (francés o inglés) según el piso en el que se estaba, Justin vivió una infancia disfuncional que no parece haberle dejado muchas secuelas. El primer ministro combina el aire alegre de su padre con una imagen mucho más cuidada y una aparente fidelidad a su esposa, la ex presentadora de televisión Sophie Gregoire. La seriedad familiar del siempre risueño Justin no sólo demuestra que, como le gusta recordar a la Premio Princesa de Asturias Siri Huvstedt, los genes no lo determinan todo, sino también que el actual primer ministro tiene una disciplina a la hora de controlar su imagen pública que es clave en la era de Instagram. Sobre todo cuando Trudeau ha construido su perfil político a base de redes sociales.

Pero, igual que a Trudeau ‘padre’, al hijo se le ha acabado la ‘trudeaumanía’. E, igual que al padre, el vástago ha revelado que es capaz de adaptarse a un entorno político mucho más duro y menos glamouroso que el que le llevó al poder. El siempre alegre y un poco guasón, Trudeau ha jugado a la defensiva en estas elecciones, dejando que sus lugartenientes echaran barro no sólo sobre la imagen de su rival conservador, Andrew Scheer, sino incluso sobre la del predecesor de éste, Stephen Harper, al que Trudeau ya había derrotado en 2015. Hay que tener un buen enemigo y, si no aparece uno, mejor crearlo, aunque sea tirando de los libros de Historia. Justin, el hombre del futuro y del optimismo, ha echado mano del miedo a la oposición, ha atizado el fantasma de un Gobierno «trumpista», y, por primera vez, ha medido sus apariciones públicas. Su padre estaría orgulloso de esa estrategia. Los genes de los Trudeau, aunque Huvstedt diga lo contrario, son así.